¿Cómo era la sociedad de cazadores y recolectores?

¿Cómo era la sociedad de cazadores y recolectores?

Cazadores-recolectores occidentales

Los primeros cazadores-recolectores del sur de África fueron los san. Sobrevivían principalmente cazando gacelas y otros antílopes y recolectando plantas. Las sociedades de cazadores-recolectores cazan, pescan y recolectan plantas silvestres para sobrevivir. También se desplazan de un lugar a otro, siguiendo un modo de vida nómada.

Los san inventaron su propio tipo de arco y flecha para poder cazar con eficacia. Utilizaban un arco de mano y flechas con cabezas envenenadas. Después de acechar cuidadosamente al animal cuyo rastro han seguido, se preparan para disparar. Disparan una sola vez dentro del campo de tiro.    Tras alcanzar al animal, el estrecho astil de la flecha cae al suelo, pero la cabeza envenenada permanece en la herida, sedando lentamente al animal. El veneno penetra a través del sistema sanguíneo. El tiempo necesario para sedar al animal varía según el lugar en el que haya sido alcanzado y el tamaño del animal.

Pueden pasar días de rastreo antes de que el animal se derrumbe. Una vez que el animal empieza a debilitarse, se le puede acercar.    El sufrimiento adicional se detiene mediante el uso de lanzas para un golpe final. De este modo, San puede cazar con éxito cualquier animal, sin importar su tamaño.

Las tribus de cazadores-recolectores de hoy

En la búsqueda de una explicación de la cultura humana, los antropólogos han prestado mucha atención a las sociedades recientes de cazadores-recolectores o forrajeadores. Uno de los principales motivos de esta atención ha sido la creencia generalizada de que el conocimiento de las sociedades de cazadores-recolectores podría abrir una ventana a la comprensión de las primeras culturas humanas. Después de todo, se argumenta que durante la mayor parte de la historia de la humanidad, las personas vivían buscando plantas y animales silvestres. De hecho, las sociedades del suroeste de Asia (el famoso Creciente Fértil) no empezaron a cultivar y domesticar plantas y animales hasta hace unos 10.000 años. La producción de alimentos se impuso hasta el punto de que, en los últimos cientos de años, se calcula que sólo 5 millones de personas han subsistido buscando comida. Pero aunque el número de cazadores-recolectores recientes sea relativamente pequeño, eso no significa que la producción de alimentos se convierta inevitablemente en la estrategia económica dominante. Muchas de estas sociedades siguen forrajeando (Kramer y Greaves 2016, 15).

¿Qué podemos inferir sobre nuestros lejanos ancestros observando unas pocas sociedades de cazadores-recolectores bien conocidas de tiempos recientes? Para sacar conclusiones fiables, tendríamos que creer que los focos de la sociedad humana podrían existir sin cambios durante decenas de miles de años: que los cazadores-recolectores no aprendieron de la experiencia, ni innovaron, ni se adaptaron a los cambios en su entorno natural y social. Sin embargo, incluso una mirada superficial al registro etnográfico revela que muchas culturas cazadoras-recolectoras han cambiado sustancialmente a lo largo del tiempo. Tanto en el registro arqueológico como más recientemente, los cazadores-recolectores no sólo han interactuado con los productores de alimentos a través del comercio y otros intercambios, sino que muchos también han añadido a sus economías cultivos que se integran bien en la búsqueda de recursos silvestres (Kramer y Greaves 2016, 16). Además, las culturas recientes de cazadores-recolectores comparten algunos rasgos, pero también son muy diferentes entre sí.

Revolución neolítica

Los habitantes de las sociedades contemporáneas de cazadores-recolectores viven como lo han hecho sus antepasados durante miles de años.    No utilizan el sistema de intercambio basado en el dinero en efectivo con el que están familiarizados los habitantes del mundo desarrollado. Sus vidas se centran más en el día a día y en la procedencia de su próxima comida.

La mayoría de los cazadores-recolectores necesitan ser capaces de seguir moviéndose a lugares donde la comida es abundante. Esto significa llevar un estilo de vida nómada, viajando de un lugar a otro y estableciendo campamentos temporales. Algunos construyen estructuras para alojarse, otros aprovechan las cuevas naturales o los refugios en la roca. Cuando hay ricas fuentes de alimentos durante todo el año, algunos grupos han podido permanecer en una población asentada durante todo el año. La necesidad de mantenerse en movimiento influye en muchos aspectos de la vida de un cazador-recolector. No tiene sentido acumular muchas pertenencias que no son útiles para la supervivencia, ya que estos objetos sólo pesarían al trasladarse de un lugar a otro. Los nómadas esperaban a que sus hijos fueran lo suficientemente mayores como para caminar antes de tener otro, para no tener muchos niños que necesitaran ser cargados.

Los cazadores-recolectores son más felices

Para empezar con una respuesta bastante polémica a la pregunta explícita de si los cazadores-recolectores son acomodados, parece ser que muchos de ellos sufren hoy en día la pobreza. Unos pocos, en cambio, acumulan riquezas que son impresionantes, incluso juzgadas con un criterio occidental. Esto es lo que muestra Gell (1988) en el caso de los muria en la India. Sin embargo, esta gente ya no se dedica a la caza y la recolección, sino que está bajo la influencia de la economía moderna. Son capitalistas sin nociones capitalistas de consumo fastuoso y fastuoso.

Sin embargo, no es esta forma contemporánea la que constituye el centro de atención de este ensayo. Más bien, el énfasis recaerá en la primera parte de la cuestión. En los párrafos iniciales, abordaré los temas de la afluencia y el igualitarismo en las sociedades de cazadores-recolectores. El argumento se basará en el supuesto de que esas sociedades eran efectivamente lo que se describe como sociedades de cazadores-recolectores, es decir, que basaban su subsistencia casi exclusivamente en esas dos actividades. Suponemos que se puede hacer abstracción del cambio que supuso la influencia no indígena (Sahlins, 2004:8s) y que lo que se describe es la sociedad cazadora-recolectora “original”. Dando esto por sentado, mostraré que las pruebas no son claras, pero que en promedio apoyan un cierto grado de afluencia e igualitarismo. Sin embargo, estas pruebas dependen en gran medida de la definición de esos términos clave, como se argumentará. Permítanme comenzar con una discusión sobre cómo es posible describir a las sociedades de cazadores-recolectores como pueblos que son -o más precisamente en la mayoría de los casos- eran prósperos e igualitarios.