¿Cómo llueve en África?

¿Cómo llueve en África?

¿Llueve en la Antártida?

ResumenLa disminución observada de las lluvias prolongadas en África oriental desde la década de 1980 hasta finales de la de 2000 parece contraria al aumento previsto en el marco del cambio climático futuro. Esta “paradoja climática de África oriental” dificulta el uso de las proyecciones climáticas para la planificación de la adaptación en toda África oriental. Aquí mostramos que el declive se corresponde con un inicio más tardío y un cese más temprano de las lluvias largas, con un máximo estacional similar en las precipitaciones diarias promedio del área. Estudios anteriores han explorado el papel de las teleconexiones remotas, pero esos mecanismos no explican suficientemente el declive ni el nuevo cambio identificado en la estacionalidad. Utilizando un amplio conjunto de observaciones, reanálisis y simulaciones atmosféricas, proponemos un mecanismo regional que explica tanto el descenso observado como la reciente recuperación parcial. Una disminución de la presión en superficie sobre Arabia y el norte del Mar Arábigo, más cálido, se asocia a un aumento de los vientos del sur y a un cese más temprano de las lluvias largas. Esto se ve apoyado por una señal similar en la presión de superficie en muchos modelos sólo atmosféricos que dan una menor precipitación en mayo y un cese más temprano. Los mares anómalamente cálidos al sur de África oriental retrasan el movimiento hacia el norte de la banda de lluvias tropicales, dando un inicio más tardío. Estos resultados son clave para entender la paradoja. Ahora es prioritario establecer el equilibrio de los mecanismos que han conducido a estas tendencias, que se recogen parcialmente en las simulaciones basadas en la atmósfera.

Cambio climático África

El Atlas de Investigación y Desarrollo de la Agricultura Africana comprende una serie de mapas y breves análisis que muestran y localizan los diversos retos y oportunidades agrícolas del continente. Se tratan siete temas: clasificaciones políticas, demográficas e institucionales; las huellas de la agricultura; las condiciones de crecimiento en el continente; el papel del agua en la agricultura africana; los motores del cambio en la agricultura africana; el acceso al comercio agrícola; y el bienestar humano.

En las notas que acompañan a cada mapa, el Atlas responde a cuatro preguntas: ¿Qué nos dicen estos mapas? ¿Por qué son importantes? ¿Qué pasa con los datos subyacentes? ¿Dónde puedo obtener más información?  Al presentar una amplia gama de datos geoespaciales y texto explicativo, los analistas esperan que el Atlas sirva de guía fiable y actualizada para la toma de decisiones informadas, que pueden ayudar a acelerar, ampliar y mantener la productividad agrícola de África.

En la mayor parte de África cae una media de menos de 1.000 milímetros de lluvia al año (Mapa 1). Las precipitaciones tienden a disminuir con la distancia al ecuador y son insignificantes en el Sáhara (al norte de unos 16º de latitud norte), en el este de Somalia y en el suroeste del continente, en Namibia y Sudáfrica. Las precipitaciones son más abundantes en el litoral oriental de Madagascar; en partes de las tierras altas de África oriental; en amplias zonas de la cuenca del Congo y de África central; y en partes de la costa de África occidental, como Liberia, Sierra Leona y Guinea.

El clima en África

Zonas climáticas de África, mostrando la ruptura ecológica entre el desierto del Sahara (rojo), el clima cálido y semiárido del Sahel (naranja) y el clima tropical de África Central y Occidental (azul). El sur de África presenta una transición hacia climas subtropicales y templados (verde y amarillo), y más regiones desérticas o semiáridas, centradas en Namibia, Botsuana y Sudáfrica[1].

El clima de África es una gama de climas como el clima ecuatorial, el clima tropical húmedo y seco, el clima tropical monzónico, el clima semiárido (semidesértico y estepario), el clima desértico (hiperárido y árido) y el clima subtropical de tierras altas. Los climas templados son raros en todo el continente, excepto en las zonas más elevadas y en los márgenes. De hecho, el clima de África varía más por la cantidad de precipitaciones que por las temperaturas, que son siempre altas. Los desiertos africanos son las zonas más soleadas y secas del continente, debido a la presencia predominante de la dorsal subtropical con masas de aire cálidas y secas en descenso. África ostenta muchos récords relacionados con el calor: el continente tiene la región extendida más calurosa durante todo el año, las zonas con el clima de verano más caluroso, la mayor duración de la insolación, etc.

¿Con qué frecuencia llueve en África?

El clima de África Occidental está controlado por la interacción de dos masas de aire, cuya influencia varía a lo largo del año con el movimiento norte-sur de la Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT). Las masas de aire continental cálido y seco que se originan en el sistema de altas presiones sobre el desierto del Sahara dan lugar a los polvorientos vientos Harmattan sobre la mayor parte de África Occidental de noviembre a febrero. En verano, las masas de aire ecuatorial húmedo que se originan sobre el Océano Atlántico traen las lluvias anuales del monzón (Nicholson, 2013).

No sólo la escasez de precipitaciones, sino también su variabilidad e imprevisibilidad se vuelven más significativas con la latitud. Así, la variabilidad anual de las precipitaciones oscila entre el 10% y el 20% en las zonas costeras y más del 40% en el norte del Sahel (FAO, 1983). La sequía es un fenómeno recurrente en el África occidental semiárida, donde rara vez prevalecen las condiciones pluviométricas medias, y las precipitaciones se inclinan hacia la sequedad, es decir, unos pocos años de precipitaciones abundantes se compensan con un mayor número de años de precipitaciones inferiores a la media. Desde finales de la década de 1960 hasta la de 1980, la zona del Sahel experimentó sequías de una extensión espacial y una duración sin precedentes (Hulme, 2001). Estas sequías se produjeron tras un periodo de lluvias más favorables en los años 50 y principios de los 60, que había animado a los planificadores gubernamentales y a los agricultores a expandir la agricultura hacia el norte (Glantz, 1994). Las grandes sequías del Sahel forzaron el abandono de la agricultura en el margen árido, desencadenaron una crisis de hambruna que mató a miles de personas y a su ganado, y han sido culpadas de la degradación medioambiental generalizada de la región.