¿Cómo era la sociedad inglesa del siglo XX?

¿Cómo era la sociedad inglesa del siglo XX?

Historia del siglo XX en el Reino Unido

1 de enero de 1901 (MCMI), y terminó el 31 de diciembre de 2000 (MM).[1] El siglo XX estuvo dominado por importantes acontecimientos que definieron la era moderna: La pandemia de gripe española, la Primera y la Segunda Guerra Mundial, las armas nucleares, la energía nuclear y la exploración espacial, el nacionalismo y la descolonización, los avances tecnológicos y los conflictos de la Guerra Fría y la posguerra. Todo ello ha modificado la estructura política y social del planeta.

El siglo XX fue testigo de una enorme transformación de la relación de la humanidad con el mundo natural. La población mundial, el aumento del nivel del mar y los colapsos ecológicos aumentaron, mientras que la competencia por la tierra y la disminución de los recursos aceleraron la deforestación, el agotamiento del agua y la extinción masiva de muchas de las especies del mundo y la disminución de la población de otras. El calentamiento global provocado por el hombre aumentó el riesgo de condiciones meteorológicas extremas.

Otros temas son las organizaciones intergubernamentales y la homogeneización cultural a través de los desarrollos de las nuevas tecnologías del transporte y las comunicaciones; la reducción de la pobreza y el crecimiento de la población mundial, la conciencia de la degradación del medio ambiente, la extinción ecológica;[2][3] y el nacimiento de la Revolución Digital. Los automóviles, los aviones y el uso de electrodomésticos se hicieron comunes, al igual que la grabación de vídeo y audio. Los grandes avances en la generación de energía, las comunicaciones y la tecnología médica permitieron la comunicación informática mundial casi instantánea y la modificación genética de la vida.

La vida en el siglo XIX

Brown opta acertadamente por situar su relato en el contexto de tres grandes tendencias mundiales: en primer lugar, la secularización, o quizás descristianización de la gran Europa; en segundo lugar, el crecimiento mundial de la militancia en diversas formas en muchas de las tradiciones religiosas; y en tercer lugar, el auge de la “nueva era” o “revolución espiritual”, el descentramiento de la experiencia religiosa y el alejamiento de las estructuras, la pertenencia y la codificación de la doctrina, especialmente en el occidente cristiano. El patrón de gran parte de la narración de Brown resultará familiar a quienes conozcan su anterior estudio La muerte de la Gran Bretaña cristiana (2), en el que la desintegración de la cultura cristiana se produjo de forma muy repentina y catastrófica en la década de 1960, en lugar de formar parte de un declive gradual de un siglo de duración. Llevando la narrativa de la Gran Bretaña cristiana hasta el cambio de milenio, Brown se centra, con razón, en la experiencia de las minorías no cristianas en el Reino Unido, en la progresiva adaptación y acomodación al cambio que se está produciendo dentro de las iglesias cristianas, y en el aumento de la militancia religiosa en las dos últimas décadas (de la que se habla más adelante).

Cómo era la vida en el siglo XX

Matthew Hilton, Consumerism in Twentieth-Century Britain: The Search for a Historical Movement. Cambridge: Cambridge University Press, 2003. xiii + 382 pp. 17,99 euros/24,99 dólares (tapa blanda), ISBN: 0-521-53853-X

Los historiadores británicos están actualmente fascinados por el consumo, no sólo por el programa “Cultures of Consumption” de la AHRB/ESRC, dotado con 5 millones de euros, sino porque ofrece un desconcertante abanico de temas y enfoques entre los que elegir (analizado por Frank Trentmann, Journal of Contemporary History 39:3, 2004). Plantea cuestiones fundamentales: ¿trabajamos para ganar o ganamos para gastar? Su atractivo radica también en el paso de las identidades de productor modernista a consumidor posmoderno. Sencillamente, como afirma Hilton (Universidad de Birmingham, Reino Unido) “el consumismo ha sido una fuerza movilizadora en el corazón de la historia social y política del siglo XX” (p. 3).

El consumismo reúne las políticas del libre comercio, el imperio, la ciudadanía, el Estado y el medio ambiente (este último ausente en la Cambridge Economic History of Britain). Pero ha sido desconcertantemente marginal en los relatos de la Gran Bretaña del siglo XX, ya sea debido al sesgo productivista de los historiadores, a la preeminencia de los estudios culturales en su interpretación o a que el consumismo del siglo XX parece más privado y parroquial o menos radical o ideológico que otros movimientos sociales (la paz, el medio ambiente) o que el consumismo del siglo XIX (los alborotadores de la comida, los reformistas morales, la Cooperativa, el libre comercio). La “búsqueda de un movimiento histórico” consiste, por tanto, en llenar un vacío historiográfico abriendo una lente de consumo en la Gran Bretaña moderna, pero también en los esfuerzos de los activistas por crear un movimiento de consumo. Recuerda a los activistas de consumo contemporáneos sus antecedentes, vinculando a Mclibellers y la EEB con Upton Sinclair o la revista Which? y la Cooperativa.

La sociedad británica actual

El siglo XX fue un siglo de extrema violencia, como atestiguan los años 1914 y 1939 con el estallido de la Primera Guerra Mundial y el desencadenamiento de la Segunda. Sin embargo, durante el mismo siglo también se produjeron puntos de inflexión de notable no violencia, como atestigua la “revolución pacífica” de 1989, que se llevó a cabo en gran medida sin derramamiento de sangre a pesar de las expectativas de brutalidad que suelen asociarse al derrocamiento de un régimen político. Las dos guerras mundiales y el colapso del imperio soviético no fueron acontecimientos alemanes, sino europeos. Sin embargo, los alemanes desempeñaron ciertamente un papel decisivo en las tres, y en esa medida es bastante apropiado que estas tres fechas sean principalmente años de recuerdo alemán. Este

En 1914 los alemanes también desempeñaron un papel decisivo en el estallido de la Primera Guerra Mundial: no porque la política alemana quisiera definitivamente esta guerra, como afirman algunos investigadores, sino porque algunas de sus conclusiones y decisiones contribuyeron a transformar el conflicto en una guerra que envolvió a toda Europa. Los alemanes tuvieron una responsabilidad especial en la transformación de un conflicto regional en la Gran Guerra como resultado de su posición geopolítica en el centro del continente: eran la potencia cuyas políticas podrían haber concentrado o separado los numerosos conflictos -activos y latentes- de Europa. Más que las decisiones políticas, fue la planificación militar del Imperio Alemán en el verano de 1914 la que hizo que un conflicto limitado en los Balcanes se convirtiera en una guerra que envolvió a todo el continente. Tal vez no hubiera sido necesario hablar de la culpa de guerra de Alemania, como ocurrió según el artículo 231 del Tratado de