¿Cómo eran los matrimonios judíos?

¿Cómo eran los matrimonios judíos?

Propuesta judía

Antes de la ceremonia de la jupá, las tradiciones de las bodas judías ofrecen rituales que ayudan a marcar los días previos a una boda hebrea. Si quieres saber más, aquí tienes un breve vídeo sobre las tradiciones previas a la boda.

Algunos rabinos piden a las parejas que firmen la ketubah entre 20 y 30 minutos antes del comienzo de la ceremonia, aunque el momento puede variar. La firma de la ketubah es un gran evento en el que también se firman los documentos de la licencia de matrimonio del estado.

Bedecken, que significa “comprobar para estar seguros”, es una tradición de boda judía que consiste en que el novio ponga el velo de boda a la novia poco antes de la ceremonia. El novio consigue “verificar” que la novia es realmente la persona con la que quiere casarse.

En las bodas heterosexuales, la procesión suele continuar con los padrinos de boda caminando en fila india, seguidos por el padrino, y luego el novio con sus padres a ambos lados. A continuación, las damas de honor caminan en fila india, seguidas de la dama de honor y de cualquier otro miembro del cortejo nupcial (las niñas de las flores, el portador del anillo, etc.). Por último, la novia avanza con sus padres a ambos lados. Tradicionalmente, la novia se sitúa a la derecha del novio, al contrario que en las bodas cristianas tradicionales.

Boda judía

En Grusia (Georgia; Chorny, l.c. p. 129) los novios son conducidos en tren festivo desde sus casas hasta la sinagoga, donde ocupan su lugar junto a la bemá. El ḥakam recita algunos piyyuṭim, traduciéndolos al grusiano, estando la ketubah también escrita en hebreo y grusiano. Tras una bendición sobre el zar, el novio se cubre a sí mismo y a la novia con un ṭallit. Mientras el ḥakam pronuncia las primeras bendiciones, el novio sostiene un anillo y una vasija de barro con vino. Luego, entregando el anillo a la novia, rompe la vasija; cubiertos por un paño, cuyos extremos sostienen ambos, los novios rodean la bemá, besan la cortina del Arca de la Ley y salen de la sinagoga.A. M. Gr.

Rompiendo el cristal de la boda judía

El matrimonio en el antiguo Israel era muy diferente al actual. Aunque es mucho lo que desconocemos sobre el matrimonio israelita, los textos bíblicos que hablan de él nos dicen que muchas costumbres matrimoniales israelitas eran distintas a las de las sociedades occidentales modernas.

En primer lugar, aunque se esperaba que las muchachas fueran vírgenes cuando se casaban -y según Dt 22:21 podían incluso ser condenadas a muerte si se descubría que no lo eran-, los hombres podían casarse con varias mujeres. Es difícil saber hasta qué punto la poligamia, que implicaba que un marido estuviera casado con más de una mujer, era realmente común en el antiguo Israel. Además, las pruebas sugieren que, en comparación con las mujeres, los hombres tenían más control sobre con quién se casaban. Por ejemplo, Sansón elige a su propia esposa en Jueces 14, aunque sus padres desaprueban el matrimonio. Lo más probable es que las chicas se casaran alrededor de la pubertad, mientras que los hombres eran algo mayores. Aunque las uniones se basaban generalmente en consideraciones económicas o sociales más que románticas, algunos textos, como el Cantar de los Cantares, nos muestran que las ideas de pasión y amor sexual también estaban presentes en el antiguo Israel.

Etapas del matrimonio judío

Este esclarecedor y exhaustivo libro de Satlow llega a demostrar que el debate sobre el tema del matrimonio era tan acalorado en la antigüedad entre los judíos, y entre sus vecinos cristianos, romanos y griegos, como lo es hoy en la sociedad judía moderna y estadounidense. Satlow, que considera el matrimonio como una institución construida socialmente y dependiente de la cultura, aporta una perspectiva histórica refrescante al discurso alarmista de hoy. “El mero hecho de que el discurso de la ‘crisis’ matrimonial de la sociedad sea tan antiguo, como mínimo, debería alertarnos sobre la posibilidad de que estemos tratando una cuestión de retórica más que de realidad. La narrativa dominante del ‘declive’ matrimonial, que asume una pasada edad de oro del matrimonio, es simplemente errónea” (pp. xvi-xvii). En cuanto a la creencia optimista contrastada de que el matrimonio moderno es, en cambio, una mejora de los malos tiempos del pasado patriarcal, Satlow sugiere que el judaísmo antiguo es mucho más complicado de lo que muchos suponen, y tiene “al menos una articulación rabínica de los ideales matrimoniales… que rivaliza con nuestras propias nociones igualitarias” (p. xvii).